Amigable con el medio ambiente, económicamente eficiente.
Por eurammon
Nuestra desarrollada sociedad depende de refrigeración producida industrialmente. Ya sea en casa, en la producción y almacenamiento de alimentos, como parte de procesos de producción industrial en la industria automotriz y química farmacéutica, o en sistemas de aire acondicionado – la refrigeración es un elemento central en todas partes. Y refrigerantes naturales como el amoníaco, dióxido de carbono e hidrocarbonos son un elemento integral en la refrigeración.
Los refrigerantes naturales se han usado para producir energía fría – principalmente en la producción y almacenamiento de alimentos – desde mediados del siglo 19. El amoníaco (NH3) en particular ha probado su eficacia en la refrigeración industrial por más de 120 años. Pese a que los “refrigerantes seguros” – como el ahora ilegal CFCs – fueron altamente populares en plantas construidas entre los años 1950 y 1960, el amoníaco siempre ha conseguido prevalecer en las tecnologías de la refrigeración industrial. Debido en gran parte al debate medioambiental relacionado con el daño del ozono y el calentamiento global, la participación del amoníaco en el mercado está en alza una vez más, y compañías de gran tradición y experiencia prefieren trabajar con él.
Características principales
El amoníaco es un gas incoloro que se licua bajo presión y posee un olor penetrante y desagradable. En la tecnología de la refrigeración, el amoníaco es conocido como R 717 (R = Refrigerante). Aunque es producido sintéticamente para su uso en refrigeración, el amoníaco es considerado un refrigerante natural por que es encontrado en los ciclos de materiales de la naturaleza. El amoniaco no tiene potencial de destrucción del ozono (ODP = 0) y no tiene una incidencia directa en el efecto invernadero (GWP = 0). Su incidencia indirecta en el efecto invernadero es muy limitado debido a su alta eficiencia energética. El amoníaco es combustible solamente hasta un grado limitado; su energía de ignición es es 50 veces mas alta que en gases naturales y el amoníaco no se encenderá sin una llama. Debido a su alta afinidad con la humedad atmosférica es considerado como “difícilmente inflamable”. El amoníaco es tóxico, pero tiene un fuerte y característico olor que a su vez funciona como advertencia. Se comienza a notar en el aire desde concentraciones de tan sólo 3 mg/m³. Esto significa que el amoníaco se comienza a notar desde niveles muy inferiores a aquellos que producen daño para la salud (> 1750 mg/m³). El amoníaco es más liviano que el aire y por lo tanto se eleva más rápido.
Desde el punto de vista de protección del medio ambiente es un refrigerante ideal ya que no contribuye al deterioro del ozono ni tampoco al calentamiento global. De todos los refrigerantes conocidos, el amoníaco requiere de una menor cantidad de energía para crear capacidad refrigerante gracias a sus excelentes capacidades termodinámicas. Esto también significa que su potencial de aportar al calentamiento global es muy bajo. Así, las plantas que usan amoníaco poseen un mejor TEWI (Total Equivalent Warming Impact) que otras que usan otros refrigerantes. El TEWI es la suma del impacto directo sobre el calentamiento global – causado por la pérdida de refrigerante en la filtración y recuperación del mismo – con el impacto indirecto sobre el calentamiento global, en relación a la energía usada a lo largo de la vida de la planta.
(Para leer el artículo completo visite nuestra sección de noticias de refrigeración en antilhue.com – Refrigeración Industrial)